Military Subjects: Battles & Campaigns


 

La Capitulación de Bailén Según un Testigo Presencial de la Batalla

Trascripción de: Juan A. Patrón Sandoval

 

Se trata de un manuscrito anónimo de seis páginas, cuyo original se encuentra actualmente en poder de D. Francisco Cano Trigo, quien lo recibió de manos de su abuelo. Éste lo encontró a su vez en el interior de un libro en la vivienda sita en el nº 26 de la calle Real de San Fernando, la antigua Isla de León, donde al parecer se alojaron algunos oficiales españoles durante la Guerra de la Independencia.

El documento en cuestión relata las verdaderas circunstancias de cómo se produjo la humillante capitulación del general francés Pierre Antoine Dupont ante el general español Francisco Javier Castaños tras ser derrotado por este último en la célebre Batalla de Bailén. Pese a que esta memorable batalla ha sido objeto de numerosos estudios particulares, la publicación de este documento aporta sin duda algunos detalles cuando menos no faltos de interés.

La trascripción literal del documento es la que sigue, si bien se han eliminado las contracciones y corregido gramaticalmente (ortografía, acentuación y puntuación) el texto original al objeto de facilitar su lectura y comprensión.

Sevilla, 30 de julio de 1808

El día 19 dimos una Batalla de las más vivas y sangrientas que se han visto. La División de Dupont, que constaba de cerca de 12.000 hombres, quiso retirarse de la ciudad de Andújar antes de ser cogida entre dos fuegos, que era nuestro plan, pero ya fue tarde su diligencia. Se retiró precipitadamente al anochecer del 8 y llegó a las inmediaciones de Bailén a las 2 ½ de la mañana, a cuya hora trataban de ponerse en marcha nuestras Divisiones de Reding y Coupigni para verter desde Bailén o atacar a Dupont sobre Andújar, mientras las otras dos de Lapeña y Jones le atacaban por el frente del río. La inesperada marcha de Dupont sorprendió a nuestras tropas en Bailén, pero apenas se divisaban los objetos al rayar el día nuestra artillería empezó a hacer tal estrago en las columnas enemigas que las detuvo y aún obligó a retorcer su vanguardia compuesta de 1.200 hombres, con dos piezas de artillería que a los 4 ó 5 tiros de las nuestras quedaron desmontadas y así tuvieron lugar las tropas de Reding y Coupigni para desplegar en batalla.

La idea de los enemigos era reunir la División de Dupont a otra de 9.000 hombres del General Vedel, que estaba sobre Guarroman, dos leguas más arriba de Bailén. Para conseguirlo dieron tres ataques generales y otros parciales por varios puntos para pasar por donde pudieran romper nuestra línea; pero por ninguna parte lo lograron, a pesar de la intrepidez con que atacaban usando de su fina táctica; ello es que tuvieron 2.200 muertos y unos 400 heridos, y cuando a las 12 del día ya le vieron desmayar, trataron de capitular, a cuya hora llegaron por la espalda del enemigo las dos divisiones que teníamos al frente de Andújar, que sabedoras de la precipitada salida de los enemigos de aquel pueblo se pusieron al amanecer en marcha para perseguirle y atacarle, donde le alcanzasen; apenas llegaron estas tropas a avistar el enemigo tiraron 4 cañonazos al aire, para que sirviese de aviso a nuestras divisiones de Bailén y para que el enemigo se acabase de intimidar y rendir, al verse entre dos fuegos sin recurso para escapar.

Efectivamente sucedió así, pues les entró tal terror, que se destacaron corriendo los oficiales de su Estado Mayor para pedir capitulación a unas y otras divisiones de nuestro ejército; y desde luego cesó el bombardeo. Vino a parlamentar Villoutreys, 1er Edecán del Emperador, para saber qué capitulación se le concedería y se le respondió que si no se entregaban a discreción serían pasados a cuchillo. Volvieron por segunda vez con el General Marescot, célebre ingeniero en toda Europa, para persuadir a Castaños de la dureza de la capitulación que se les proponía; pero el General Lapeña y el Ayudante General Cuartel Maestre le contestaron que no se le permitía pasar adelante para avistarse con Castaños, puesto que no traía otro objeto que el de esta conversación, que nada podía producir sino gastar el tiempo inútilmente, que las últimas órdenes estaban dadas para continuar el ataque y que así podía volverse a su campo en inteligencia que no se admitiría ya otro parlamentario sino el que viniese con plenos poderes para firmar la capitulación. Se volvió en fin, ofreciendo que no tardaría en venir el plenipotenciario más tiempo que el preciso para llegar, extender los poderes y volver a hacer los tratados.

Esta respuesta no era puramente amenazadora, sino que efectivamente las tropas de Lapeña y de Jones tenían ya la orden de atacar a Dupont, habiendo tomado la posición de ataque porque la División de Vedel que estaban en Guarroman, faltando al sagrado contrato de suspensión de hostilidades mientras durase el parlamento, hizo movimiento sobre Bailén, cogiendo prisioneros los dos batallones de Jaén, con dos piezas de artillería, que no hicieron resistencia observando rigurosamente la ley de la tregua. En fin el General Dupont, viendo que no tenía otro remedio que capitular por la vida, envió a las 3 ½ de la tarde al General Chabert, con plenos poderes para firmar la capitulación, mandando al General Vedel que devolviese los dos batallones y artillería, que tan vilmente había hecho prisioneros, y que luego se volviese a ocupar el punto de Guarroman, de donde había salido.

En este intermedio recibió Castaños un pliego interceptado en la marcha que traían de Madrid dos oficiales franceses, el cual contenía la orden del Duque de Rovigo (es el General Savary) a Dupont, mandándole que reuniendo su división a la de Vedel y dejando un regular destacamento en las gargantas de Sierra Morena, pasase a marchas forzadas a reunirse con el todo, a las tropas francesas de Madrid, para oponerse al Ejército de Galicia, que les daba cuidado, renunciando por ahora a las Andalucías. No pudo llegar más a tiempo el conocimiento de este punto.

Luego que llegó el plenipotenciario Chabert acompañado del General Marescot, como testigo de la capitulación que había de hacerse, el 1er Edecán del Emperador y otros dos edecanes del primero, se empezó a tratar de la capitulación de Dupont con su División que es la que estaba encerrada; pero Castaños dijo que debía tratarse de la capitulación comprendiendo en ella la División de Vedel y todas las tropas francesas que estuvieran desde La Mancha hacia el interior de la Andalucía. Resistieron la propuesta porque Vedel no había entrado en combate y se hallaba en posición de atacar o retirarse como le diera gana, sin que nadie se lo estorbase. Después de algunas razones, Castaños, por concluir pronto la sesión, dijo que pues el General Marescot (*), a quien conocía particularmente desde la Campaña de Francia, asistía a aquel acto como testigo le diese palabra de honor de no revelar un secreto que le confería y que si después de saberlo opinaba que podía consentir el que capitulase solamente la División de Dupont se convendría a ello, pero que sería irremisiblemente a discreción. Entonces le dio a leer reservadamente la carta de Duque de Rovigo y concluida dijo Marescot a los suyos que Castaños faltaría a lo más sagrado de sus deberes si no exigiese que capitulase también la División de Vedel como solicitaba. Se trató pues de esto, haciendo en cambio alguna gracia a las tropas de Dupont. Se capituló que todas éstas quedarían prisioneras de guerra rindiendo las armas; que sólo los oficiales conservarían sus espadas, bajo palabra de honor, y los soldados su mochila; que la División de Vedel entregaría como en depósito las armas, artillería y municiones y se le devolvería al tiempo de su embarco en Rota, desde donde una y otra División pasarían a Rochefort. La de Dupont como prisionera, canjeándose por hombres según su empleos proporcionalmente, y la de Vedel libre.

(*) Marescot que es 1er inspector General de ingenieros vino de Madrid acompañado de nuestro Brigadier de ingenieros Giraldo. Pasaban a Cádiz y al Campo de Gibraltar. Llegaron a la División de Dupont antes del ataque de Córdoba y nada tenía que ver con las operaciones de éste. 

Así quedó acordado, se firmaron los tratados y ya están las Andalucías libres de franceses quedando en nuestro poder las famosas águilas de Napoleón, cerca de 7.000 fusiles, unas 30 piezas de artillería, etc… y van andando camino de Rota unos 15.000 franceses entre ellos 19 generales prisioneros de guerra de la División de Dupont, habiendo muerto otros tres en los diferentes encuentros que ha habido. El orgullo de estas gentes ha cedido hasta sufrir la última humillación de rendir sus armas 8.000 hombres, entre ellos el famoso cuerpo de coraceros, otro de la Guardia Imperial de Marina, otro de la Guardia de París y otro de Gent d’Armerie, que todos son selectos entre los demás de Infantería y Dragones, que también son muy buenos y de que no hago mención. Tres águilas imperiales, un estandarte, las cuatro banderas de Reding y Preux, sus corazas y otros tantos morriones y sables escogidos han venido a Sevilla para ser trofeo del gran sepulcro de San Fernando a quien el célebre Castaños dedicó la batalla de Bailén que no podía ser sino un glorioso triunfo de nuestras armas.

No parece obra de los hombres lo que se ha hecho: la artillería ponía las balas como con la mano y cuando los enemigos creían que les batíamos con cuarenta piezas eran sólo diez las que hacían fuego; han quedado tan aterrados de esta arma que no paraban de hacer exclamaciones. A la verdad, no cabe en la imaginación tal acierto pues habiéndoseles desmontado catorce piezas ellos a nosotros ninguna; los artilleros se mantuvieron con tal firmeza que los que hay heridos lo fueron de cuchilladas de la caballería enemiga, teniendo que defenderse con el machetón. Digno es de contarse que un artillero de Texas habiendo muerto a un coracero le tomó la maleta y viéndola llena de plata fue a presentarla al General Reding. Los cadáveres de los enemigos cubrían el campo de batalla a veinte pasos de nuestra línea; puede decirse que no se a desperdiciado un tiro, suspendiendo el fuego en los movimientos para conservar la fuerza del soldado y hacerlo decisivo a quemarropa. Así la artillería ha hecho un destrozo horrible y en las nueve horas de combate no dejó dudosa un momento la victoria. El Batallón de Walones, el Regimiento de Órdenes Militares y los Tercios de Texas han hecho prodigios, los Zapadores se han distinguido muchísimo y no cabe ponderación en la firmeza y valor de nuestras tropas que se han distinguido y cubierto de gloria inmortal, habiendo arrollado las águilas imperiales de Napoleón, cuyo triunfo ninguna nación puede contar sino los héroes españoles.

Sólo resta decir que la División de Dupont se ha batido con todas las ventajas posibles:

1ª la de haber sorprendido a nuestras tropas al tiempo de ponerse en marcha.

2ª la de tener más artillería.

3ª la de su posición ventajosa, pues la tomó de antemano cuando nosotros teníamos retiradas las avanzadas y entrábamos en columna por el camino real.

4ª la del mayor número de combatientes, pues constaba de 12.000 hombres y nuestras dos divisiones, aunque componían el total de 14.000 hombres, tuvieron que destacar un cuerpo considerable para observar la División de Vedel, que estaba a retaguardia de nuestra línea.

5ª la calidad de las tropas, pues siendo la del enemigo aguerridas y bien constituidas, la mayor parte de las nuestras veían por primera el fuego y se componían de mucho paisanaje bisoño aunque regimentado.

6ª en fin, la que lleva siempre el que ataca sobre el que es atacado.

Vuelvo a decir que todo ha sido un prodigio y que no parece obra de los hombres.

Tenemos segura la posición de Sierra Morena. En Manzanares hay 550 franceses de caballería con unos 300 enfermos, que todos están comprendidos en la capitulación, de modo que desde Manzanares a los puertos de Andalucía se cuenta todo libre y limpio de enemigos.

¿Y cómo satisfarán ahora al insigne Castaños esas lenguas viles que con bestial ignorancia se atrevieron a profanar lo más noble, lo más sabio y lo más heroico de tan digno español, que no sólo ha salvado las Andalucías, sino que quizás la memorable Batalla de Bailén, será bastante para truncar todos los planes del tirano de la Europa ?. Basta de esto, pero no son dignos sino de que Castaños los abandone y deje entregados a los absurdos de su ignorancia y necios caprichos. Castaños no necesita mandar un Ejército para ser buen soldado como lo ha sido siempre, no necesita ya dar pruebas de valor y de patriotismo y otro que le suceda, hará conocer lo que valen entonces las lágrimas de las almas débiles y su desesperación confesarán, aunque tarde, que la codicia de un frívolo botín es bien despreciable cuando se trata de las ideas militares y de planes muy bastos que no caben en cabeza redonda.

Placed on the Napoleon Series: February 2007

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